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Ulrico de Estrasburgo
Llamado también Ulrico Engelberto (Ulricus Engelberti), nació en Estrasburgo hacia 1225. Perteneciente a la familia Zorn, tomó el hábito de los Predicadores en 1245. Fue el discípulo preferido de Alberto Magno, primero en París y luego en el Studium generale de Colonia --de 1248 a 1254--, donde coincidió con Tomás de Aquino; fue después lector en el convento dominicano de Estrasburgo, donde adquirió gran fama. Fue hasta el año 1272 cuando tuvo que abandonar la cátedra, cuando el capítulo provincial de Teutonia, celebrado aquel año, lo eligió su provincial, "por la honestidad de sus costumbres, la ciencia de sus escritos y la santidad de su vida", según escribieron los definidores de Teutonia al maestro de la Orden Juan de Vercelli. Obligado a aceptar a pesar de sus protestas, Ulrico desempeñó su labor con gran celo y eficacia, visitando numerosos conventos, realizando varias fundaciones, como las de los conventos de Neuss, Prenzlau y Nüremberg y consolidando otras, como las de los conventos de Colmar, Eichstätt, Soldin, además de los de Landshut y Pforzheim.
Tras haberlo suplicado fervientemente al maestro de la Orden Juan de Vercelli, fue absuelto del oficio de Provincial por el Capítulo General de Bordeaux en 1277, que le nombró profesor de las Sentencias de Pedro Lombardo en París. Ulrico murió en París en 1277, antes de haber tomado posesión del oficio que le había sido encomendado.
Las obras del maestro Ulrico
Del maestro Ulrico de Estrasburgo ha llegado hasta nosotros la noticia de dos obras filosóficas:
- Comentarios sobre la Meteorología
- Comentarios sobre el De Anima de Aristóteles.
Además conservamos noticia de:
- Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, del que Juan Nieder (?1438) reproducirá un breve fragmento.
- Sermón sobre san Juan, predicado en Colonia en el dialecto de la región.
- Cartas. Se conserva la "minuta" de 27 cartas de la época del provincialato de Ulrico en Teutona,
que muestran su personalidad espiritual y su celo en la administración de la provincia teutona. De éstas, tres están dirigidas a san Alberto Magno, a quien agradece sus oraciones en una grave enfermedad; pide su intervención para lograr la libertad de los frailes en su ministerio, malogrado por las restricciones impuestas por el obispo; y le encarga favorecer la fundación del convento de Neuss. Escribe también a los priores de los conventos, a quienes recomienda la vida común en materia de pobreza, una buena selección de los novicios, que deben ser aptos para el estudio de la teología. A las monjas recomienda el amor a la soledad y la sinceridad en su vida consagrada. Felicita también a Rodolfo de Habsburgo por su elección como rey de los Romanos (1273); a su adversario Ottokar de Bohemia, le recomienda insistentemente la paz. Otras cartas hablan de sus esfuerzos en la fundación de los conventos de Prenzlau y Nüremberg, y el fortalecimiento de los de Colmar, Eiñchstätt, Soldin, además de los de Landshut y Pforzheim, establecidos en esa época. Su última carta, dirigida al Maestro Juan de Vercelli, es una ferviente súplica para ser absuelto del provincialato.
Pero indudablemente, la obra principal del maestro Ulrico de Estrasburgo es su Liber de summo bono, llamada comúnmente Summa de bono. Escrita en el período de su lectorado en teología, no antes de 1272.
Según el proyecto original, esbozado en el proemio de la obra, Ulrico se proponía presentar ocho libros:
1) De la ciencia del Bien supremo, que se llama teología. 2) De la esencia del Bien supremo y de sus emanaciones. 3) De aquello que es común a cada una de las Tres Personas, y de lo que es propio de cada una. 4) Del Padre, creador de las creaturas.5) Del Hijo, de su encarnación y sus misterios. 6) Del Espíritu Santo y sus efectos: gracias, dones y virtudes. 7) De los sacramentos. 8) De la bienaventuranza. Por desgracia la Summa de bono quedó incompleta, el libro 6) Del Espíritu Santo, quedó inacabado, y no alcanzó a redactar los dos últimos.
La Summa de bono es el mayor y más perfecto monumento del neoplatonismo introducido por san Alberto en la Escolástica alemana. Muchas partes de esta obra, pero de un modo especial la consagrada a exponer la doctrina acerca del ser y los atributos y perfecciones divinas, están influidas profundamente por el comentario de san Alberto al Pseudo-Dionisio y en el Liber de causis de Proclo, de fondo netamente neoplatónico.
En la primera parte del Summo bono, Ulrico explica:
La teología es "la ciencia que es más necesaria para el hombre que cualquier otra, y que es el fin de todas las otras ciencias es aquella que presenta a Dios cognoscible a todos y nos hace saber todas las cosas que el intelecto puede asir en su estado de peregrino, como medio ciertísimo, por medio es solamente la sagrada Escritura, porque ella está divinamente inspirada. ... La luz del Espíritu Santo es la única que nos hace conocer las realidades divinas, y sin error... Es por ella que los patriarcas, los profetas y los apóstoles recibieron la revelación misma para si; y nosotros, que somos menores que ellos, debemos recibirla por la enseñanza". Y más adelante precisa: "El conocimiento de Dios como Bien supremo, fin último del hombre, no puede ser adquirido por la especulación sola sin el amor (affectione), porque la persona no puede perfectamente conocer el amor si no es amada, como la persona no puede saber acerca del bien, si no lo disfruta. La luz del verbo (nuestro "verbo interior") va de la mano con el ardor de nuestro afecto, así también el Verbo divino, es imagen de un conocimiento amoroso; la fe perfecta es un conocimiento afectivo, pues sin amor la fe no tiene forma".
"De esta forma, la ciencia es sabiduría, según los diversos sentidos del término. Y el décimo y último modo de la teología --es decir, la última manera de hablar de la Escritura--, es el modo sapiencial, que comporta un saber afectivo porque "es resguardo de la luz divina que es siempre también calor vivificante".
Al hablar de la esencia divina en el libro II de su obra, Ulrico, después de un primer tratado sobre los nombres divinos, trata sobre "El que Es", nombre que designa a Dios como "único", como Causa eficiente primera de quien depende el ser de todas las creaturas, inspirado por el Ipsum Esse de Agustín, pero también siguiendo al Pseudo-Dionisio y a Juan Damasceno.
Dios es el Bien, "aquel en quien todas las cosas subsisten y existen como emanaciones de su Causa perfecta; en quien todas las cosas toman consistencia y a quien cada cosa se tiende como hacia su bien propio, y que todas las cosas desean". Todo ser creado difunde su bondad por su obrar. Pero Dios es el Bien supremo, en quien el obrar se identifica con el ser. Su Bondad consiste entonces en ser "diffusivum sui et esse". Él comunica algo de su Bondad a toda creatura que viene así a ser "buena por participación". El bonum, la bondad, es convertible con el ens, al cual añade, por tanto, "una perfección que lo completa y determina".
Cuando el bien se considera en el terreno de la vida contemplativa, se identifica con la bienaventuranza, que en esta vida es incompleta, pero será perfecta en la patria celeste; entonces se dará la "fruición", el gozo de la posesión de Dios.
Defiende también que Dios es la Luz increada y que el grado de belleza y de bondad de las cosas depende de la participación de esa Luz: Dios es luz y, en cierto modo, se le puede conocer en este mundo a medida que las almas se van haciendo más capaces de recibir la luz mediante el vacío de sus propias tinieblas. Ya aparece, en embrión, la teoría de la purificación de las potencias.
Estas breves citas son suficientes para mostrar que la Summa de Ulrico, desgraciadamente de manera sumamente escolástica, enseña una teología ordenada a la vida espiritual. Ulrico se esfuerza visiblemente por presentar a los jóvenes dominicos es vista a formarlos en una teología más científica, de un nivel semejante al de las universidades de su tiempo.
La visión espiritual de la Summa está confirmada por los textos del libro VI. Si bien es cierto que Ulrico habla raramente de la vida contemplativa, también es cierto que a ésta altura debe conducir el conocimiento de Dios. El capítulo 7 del tratado 4, habla del jubilus, la alabanza de Dios más allá de las palabras, que será una de las características de la vida espiritual de las monjas de los siglos XIII y XIV. Retengamos, para concluir, un pasaje significativo del sermó de Colonia, que parece traducir la experiencia espiritual de Ulrico:
"Si tu no gustas de Dios con todo tu corazón, de tal manera que supere la inteligencia humana, tu no gustarás jamás de la fruición de Dios mismo; pues también durante mucho tiempo te movieron las tendencias corporales de orgullo, de odio o de envidia (no te digo más: te vienen, también te mueven), la luz de Dios no pudo manifestarse en ti; igual que una nube obscura recubre el sol, así los movimientos perversos violentan tu alma, y así la luz de Dios no puede ejercer su fuerza en ti".
"El influjo del pseudo Dionisio --dirá también Guillermo Fraile-- no podía menos de reflejarse en una "Metafísica de la luz", Dios es el ser, la Causa suprema, eficiente, formal, ejemplar y final de todas las cosas, y la Luz increada, de la cual se difunden por todas partes la luz y la belleza a todos los seres".
Fuertemente influenciado por el Peudo-Dionisio, Ulrico ha sido considerado como uno de los grandes del neoplatonismo alemán e influyó grandemente en Dietrich de Freiberg (?1311), quien después sería maestro de Eckhart, que transformará esta escuela teológica en la escuela mística renana. Su influencia se sentirá incluso en Bertoldo de Mosburg, Nicolás de Cusa y el cartujo holandés Dionisio Ryckel.
Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores
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