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Tomás de Vio Gaetano (Cardenal Cayetano)

De familia noble, nació en Gaeta, Italia, el 20 de febrero de 1469, y fue bautizado con el nombre de Giaccomo. Desde niño fue sumamente devoto y dedicado al estudio. A pesar de la oposición familiar, vistió el hábito dominicano antes de cumplir dieciséis años (1484), pasando a formar parte de la Congregación reformada de Lombardía. Como estudiante en Nápoles y Bolonia, por su claridad de pensamiento fue la admiración de sus compañeros y profesores, pero su escasa salud hizo que tuviera que volver a Gaeta en 1488. Ordenado sacerdote en 1491, fue enviado a Padua, donde, como bachiller en teología (19 de marzo de 1492), y después como maestro de estudiantes, comenzó a atraer la atención por sus conferencias y escritos, y como lector de las Sentencias en el Estudio General (1493). Promovido a la cátedra de metafísica en la universidad padovana, hizo profundos estudios de humanismo y filosofía. Además de comprometerse en la controversia con el escotista Trombetta, tomó postura contra las tendencias averroístas de Vernias, Pompanazzi y Ninphus, contra quienes escribió su famoso tratado “De ente et de essentia”, considerado como la más sutil y aguzada de sus obras, fruto, al mismo tiempo, de la reflexión de sus lecciones en la universidad en el curso 1493-1494.

En el Capítulo General de la Orden (Ferrara, 1494), Cayetano fue elegido para dirigir la acostumbrada defensa de las tesis en presencia de la asamblea. Se enfrentó a Pico della Mirándola y a otros, con tal éxito que los estudiantes lo llevaron triunfalmente en hombros a recibir las felicitaciones del Maestro General. Fue creado inmediatamente Maestro en Sagrada Teología, y por muchos años expuso la “Summa” de santo Tomás, principalmente en Brescia y Pavia, donde, en 1497, ocupó la cátedra a instancias del duque de Milán, Ludovico Sforza. Allí compuso su De nominum analogía (1498). Pasó a Milán en 1499 desde donde, en 1500, el cardenal Oliverio Caraffa buscó su traslado a Roma.

En 1501 fue hecho Procurador General de la Orden y ocupó las cátedras de filosofía y exégesis en la Sapienza. A la muerte del Maestro General, Juan Clèrèe, en 1507, Cayetano ocupó el cargo de Vicario General de la Orden, y al año siguiente (1508) fue elegido Maestro General. Con gran prudencia y habilidad, Cayetano consagró todas sus fuerzas a la promoción de la disciplina religiosa, enfatizando el estudio de las ciencias sagradas como el medio principal para conseguir el fin de la Orden. Sus cartas circulares y las actas de los capítulos, promulgadas durante el término de su oficio, son testigos de sus ideales y sus continuos esfuerzos para alcanzarlos.

Solía decir que difícilmente absolvería de una pena de gravioris culpae a un fraile dominico que no consagrara, al menos cuatro horas al estudio. “Dejemos que otros se regocijen en sus prerrogativas —escribió en una ocasión— que el trabajo de nuestra Orden, que es nada menos que la sagrada doctrina, es nuestra alabanza”. El era en sí mismo un modelo de diligencia, y se decía que sabía de memoria la “Summa” entera.

Cerca del cuarto año de su generalato, Cayetano realizó un importante servicio a la Santa Sede cuando apareciendo antes del pseudo-concilio de Pisa (1511), denunció la desobediencia de los cardenales y obispos participantes, y confundiéndolos con sus argumentos. En esta ocasión defendió el poder y la supremacía monárquica del Papa. Es principalmente a sus esfuerzos que se atribuye el fracaso de este movimiento cismático, incitado por Luis XII de Francia. Cayetano fue el primero en aconsejar al papa Julio II convocar un real concilio ecuménico, el V Concilio de Letrán. En este concilio, Cayetano actuó como el delegado de las principales órdenes religiosas en la defensa de sus intereses.

Fue también Cayetano quien, en 1508, concedió a Fernando el Católico los primeros misioneros dominicos que consagraron sus esfuerzos a la evangelización de América.

Después de nueve años de gobierno, Cayetano fue creado cardenal por el papa León X, el 6 de julio de 1517 pero, por voluntad del Papa, continuó al frente de la Orden hasta la celebración del Capítulo General de Roma, en mayo de 1518. Al mismo tiempo, el ya cardenal Cayetano fue preconizado arzobispo de Palermo, sin embargo, la oposición de parte del senado siciliano, impidió su toma de posesión y renunció el arzobispado el 8 de febrero de 1518. A instancias de Carlos V, fue hecho obispo de Gaeta, después de haber actuado, entre 1518 y 1519, como Legado Apostólico en Alemania, llevando las insignias del cardenalato a Alberto de Brandenburgo, y una espada bendecida por el Papa, para el emperador Maximiliano.

En esta ocasión, llevaba autoridad para acordar con el Emperador y con el Rey de Dinamarca, las condiciones de una alianza contra los turcos. También representó al Papa en la Dieta de Frankfort (1519), y tomó parte activa en la elección de Carlos V (1519), lo que le valió la amistad y gratitud del Emperador.

Cayetano frente a Lutero

Bajo el pontificado de León X sucedieron algunos gravísimos episodios que produjeron una profunda herida en la Iglesia romana. En aquel período, el Papa había dado inicio a los trabajos para la construcción de la nueva Basílica de San Pedro; para esta enorme obra, requería una fortísima suma de dinero, que la Santa Sede no tenía. Se decidió entonces conceder espaciales indulgencias, tanto para los vivos como para los difuntos, a quienes hubieran contribuido con sus ofrendas a la edificación de la basílica.

Para predicar y propagar la recolección de las indulgencias, fueron delegados numerosos sacerdotes, seculares y regulares, muchos de los cuales iban de un lado a otro en aquella misión; olvidando completamente el componente espiritual de esta obra, redujeron su predicación a un verdadero “mercado de las indulgencias”. Esta recolección se difundió por toda Italia, Francia y hasta Alemania, donde trabajó un predicador particularmente hábil, Juan Tetzel; tal vez fue la predicación de Tetzel una de las causas de la rebelión de Martín Lutero, entonces monje agustino de Wittemberg. La irritación por el mercado de las indulgencias pudo haber sido, en efecto, el último empujón para una crisis que ya desde tiempo atrás anidaba en el ánimo de Lutero. Siguieron entonces una serie de episodios, como aquel de las famosas 85 tesis colocadas en la puerta de la Catedral de Wittemberg, que produjeron una dramática ruptura en la Iglesia.

Cayetano había sido enviado entonces a Alemania para la predicación de la cruzada contra los turcos, otra grave situación que en aquel período preocupaba grandemente al papa León X. Encontrándose en Alemania, recibió también el delicadísimo encargo de encontrarse con Lutero y verificar su doctrina. Los coloquios entre Cayetano y Lutero, a pesar de que se desenvolvieron en una atmósfera sumamente cordial, no dieron ningún resultado a causa de la intransigencia del Monje alemán. En una carta fechada el 17 de octubre de 1518, Lutero anunció a Cayetano que no podía someterse a la voluntad de la Santa Sede, porque su conciencia se lo impedía. De este estado de cosas derivó el definitivo rompimiento entre Lutero y la Iglesia católica. Se cuenta que Cayetano dijo: “iste frater profundos habet oculos, mirabiles habebut phantasias”.

El Maestro Tomás tuvo entonces un rol fundamental en la condenación definitiva de Lutero, lo mismo que en la elección del sucesor de León X, el alemán Adriano VI.

En 1523 fue enviado por Adriano VI como legado ante el rey Luis de Hungría, para animar a los cristianos en su lucha contra los turcos. Llamado al año siguiente por Clemente VII, fue uno de sus consejeros principales del Papa. Durante el saqueo de Roma por las tropas imperiales (1527), Cayetano, con otros personajes principales, fue hecho prisionero, y sometido a grandes vejámenes, solamente obtuvo su libertad solamente por el pago de cinco mil coronas romanas de oro, suma que tuvo que pedir prestada, lo que hizo que después hiciera más estricta la economía en su diócesis.

Cayetano fue uno de los diecinueve cardenales, quienes en un solemne consistorio convocado por Clemente VII, el 23 de marzo de 1534, se pronunciaron definitivamente por la validez del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón. Este fue el último acto público de su vida, pues murió en Roma, el mismo año, la noche del 9 al 10 de agosto de 1534, cuando contaba 66 años de edad. Fue enterrado, como lo había pedido, en una humilde tumba en el vestíbulo de la iglesia de Santa María sopra Minerva. Fue opinión común de sus contemporáneos, que si hubiera vivido, habría sido el sucesor de Clemente VII en el trono papal.

Cayetano ha sido descrito como de pequeña estatura corporal pero gigante en intelecto. En todos sus variados y laboriosos oficios, nunca omitió su estudio diario y sus escritos, o alguna de las prácticas de su vida religiosa. Enfrentó serena e intrépidamente los problemas y dificultades, esforzándose por aprender el tacto y la caridad necesarias para pacificar las mentes hostiles y atraer a los que estaban perdidos, para enfrentar la herejía y prevenir el cisma.

Los escritos del cardenal Cayetano

Sus soluciones escritas a problemas de vida moral, abarcan un ancho campo. Sus circunstancias y posición le exigieron, a menudo, tomar parte en discusiones y polémicas, pero nunca dijo nada que ofendiera personalmente a nadie en sus escritos. Su estilo, puramente científico y sin retórica, es más notable por su franqueza y simplicidad en la época de oro del Humanismo. Más que cualquier otro filósofo y teólogo de su época, atendió a las necesidades intelectuales reales de la Iglesia.

Las obras de Cayetano abarcan aproximadamente 115 títulos:

De sus Comentarios a diferentes partes de la Summa theologiae de santo Tomás, existen muchas ediciones, algunas incluyendo el texto de la Summa, otras sin él, las más notables son: Lyon, 1540, en 10 vols. fol; la edición de Pío V sobre las obras completas de santo Tomás, Roma, 1570; edición en 7 vols. en 8°, con comentarios de Javelli y Caponi, Venecia, 1596; edición en 10 vols. fol., Roma, 1773; edición Leonina de la “Summa” de santo Tomás, Roma, 1888.

Otras obras de Cayetano son:

• " Opuscula omnia tribus tomis distincta " (fol., Lyon, 1558; Venecia, 1558; Antwerp, 1612), una colección de 59 tratados;

• " Commentaria super tractatum de ente et essentiâ Thomae de Aquino ; super libros posteriorum Aristotelis et praedicamenta", etc. (fol., Venecia, 1506);

• "In praedicabilia Porphyrii praedicamenta et libros posteriorum analyticorum Aristotelis
castigatissima commentaria " (8vo, Venecia, 1587, 1599);

• "Super libros Aristotelis de Anima ", etc. (Rome, 1512; Venice, 1514; Paris, 1539);

• " Summula de peccatis " (Roma, 1525, y muchas otras ediciones corregidas y aumentadas);

• " Jentacula N.T., expositio literalis sexaginta quatuor notabilium sententiarum Novi Test .", etc. (Roma, 1525);

• " In quinque libros Mosis juxta sensum lit. commentarii " (Roma, 1531, fol.; París, 1539);

• " In libros Jehosuae, Judicum, Ruth, Regum, Paralipomenon, Hezrae, Nechemiae et Esther " (Roma, 1533; París, 1546);

• " In librum Job " (Roma, 1535);

• " In psalmos " (Venecia, 1530; París, 1532);

• " In parabolas Salomonis, in Ecclesiasten, in Esaiae tria priora capita " (Roma, 1542; Lyon, 1545; París, 1587);

• " In Evangelia Matt., Marci, Lucae, Joanni s" (Venice, 1530);

• " In Acta Apostolorum " [Venecia, 1530; París (con los Evangelios), 1536];

• " In Epistolas Paul i" (París, 1532);

• " Opera omnia quotquot in sacrae Scripturae expositionem reperiuntur, cura atque industriâ insignis collegii S. Thomae Complutensis, O.P ." (5 vols. fol., Lyon, 1639).

Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadore