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Luis Chardon
Nació nuestro Luis en Clermont-de-l’Oise, diócesis de Beauveus, el 12 de marzo de 1595, siendo bautizado en la parroquia de Sant Samson el mismo día de su nacimiento con el nombre de Jean, hijo mayor de Jean Chardon y Françoise Guérin, respetable matrimonio de la localidad. Siguiendo la costumbre de la época, tuvo dos padrinos que fueron sus tíos, Jean Guérin y Louis Chardon, su madrina fue Marie Guérrin. Fue pariente cercano del célebre Jean Loisel, profesor y canciller de la facultad de teología de París y párroco de de Saint-Jean en Grève.
Muy joven inició sus estudios en la Universidad de París, donde tuvo contacto con los mejores espíritus de su tiempo y a poco, sintiéndose fuertemente atraído hacia la vida religiosa, no tardó en presentarse a las puertas del convento de la Anunciación en la rue Saint-Honorè, donde, el día 5 de mayo de 1618 moría su principal instaurador, el padre fray Sebastián de Michaelis, admirable reformador de su tiempo, y prior del Convento. Su impronta quedó no solamente en el convento de la rue Saint-Honoré, sino también, indudablemente en el recién llegado Jean Chardon, quien, cuando contaba con veintitrés años de edad, recibió el hábito de los Frailes Predicadores en mayo de 1618, con el hombre de fray Louis. Al año siguiente, el 26 de mayo de 1619, fray Louis Chardon hacía su profesión dominicana en manos del padre George Laugier, sucesor de Michaelis.
El convento de la Anunciación había adoptado desde el inicio el deseo de reforma impulsado por los reyes Enrique IV y Luis XIII. El fervor que demostró en los primeros días tras su ingreso en la religión no decayó jamás. Muy pronto dio fruto aquella esperanza como confesor y especialmente como director de almas. Aquellos que deseaban recorrer el camino de la vida perfecta, encontraban en él un guía brillante y un padre caritativo.
La claridad de la concepción que Chardon tenía de la reforma de la Orden, fue elemento fundamental para que el Maestro General lo nombrase, en 1628, “substituto del maestro de novicios”, o como se diría hoy, “sub-maestro”, para reorientar el proceso de reforma superando las dificultades que había planteado el proyecto de “descalcez” del padre Antonio Le Quieu. El celo con que se aplicó a este oficio lo atestiguan sus contemporáneos, al igual que su gran preparación. De ello son también prueba las obras que nos dejó.
El capítulo provincial de 1638 lo asignó al convento de Toulouse, en calidad de “predicador ordinario”, y allí, al parecer, permaneció durante los siguientes trece años. En 1645 le encontramos de nueva cuenta en el convento de la rue Saint Honoré,
Contaba apenas con 56 años, cuando una fiebre maligna y violenta lo arrancó de la tierra de los vivos en pocos días. Murió el 17 de agosto de 1651. Al saber la noticia de su muerte, el padre Cloche escribió al prior de Saint-Honoré: “Lloraré con ustedes la muerte del padre Chardón si ésta no fue piadosa y dulce”.
La producción literaria de Louis Chardon es apreciable:
• Vie de saint Samson (“Vida de san Samson”) (1647), un recuerdo de piedad filial al patrón de la iglesia donde fue bautizado.
• La Doctrine de Dimu enseignée à sainte Catherine de Sienne, de l’Ordre de Saint-Dominique (“La doctrina de Dios enseñada a Santa Catalina de Siena de la Orden de Santo Domingo, en forma de diálogo”) (1648), traducción libre «a la francesa», según palabras del propio Chardón, del famoso Diálogo de la Santa. Esta obra es presentada por el autor como un homenaje a la que es considerada como patrona y madre de todos los conventos reformados.
• Raccourci de l’art de méditer (“Compendio del arte de meditar para las almas que comienzan a practicar esta devoción”) (1649), opúsculo actualmente desaparecido.
• Méditations sur la Passion de Notre Seigneur Jésus-Christ pour touts les jours de l’année (“Meditaciones sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para todos los días del año”) (1650), reflexiones, basadas en versos del Evangelio, destinadas a principiantes en la oración, escritas a petición de la duquesa de Vendôme.
• Les divines institutions des leçons de la perfection (“Las Instituciones Divinas, lecciones de perfección del venerable padre Juan Taulero, celebérrimo doctor en teología, de la Orden de Santo Domingo, con explicaciones en lengua francesa”) (1650), traducción francesa de la obra del venerable Taulero. Como en el caso de la traducción del Diálogo se trata de una versión libre aunque substancialmente fiel.
• Vie du dévot frère Simon Balièvre (“Vida del devoto fray Simón Baliévre”), opúsculo de fecha desconocida, breve biografía transcrita por el P. Souègres en el Année Dominicaine el día 26 de marzo, que refleja el modelo oficial propuesto a los jóvenes frailes en el convento de la Anunciación. Se muestra como ideal “un exterior modesto y mortificado”, “un celo ardiente por la observancia de la Regla”, quizá con un cierto menosprecio por las dispensas. “Hablar en suave y prudentemente”, “llevar siempre las manos bajo el escapulario” y conservar esta actitud “hasta la muerte”.
• La Croix de Jésus où les plus belles vérités de la théologie mystique et de la grâce sanctifiante sont établies (“La cruz de Jesús, donde se establecen las más bellas verdades de la teología mística y de la gracia santificante”) (Paría (1647).
Dividida en tres “discursos”: 1) Jesús, fuente de la gracia, es la razón de ser de la cruz. 2) De las diversas maneras que Dios emplea para comunicarse con las almas santas en vía supereminente, ya por las consolaciones, ya por las desolaciones. 3) Las cruces espirituales nos unen más a Dios que nos separan de Él, y son medios de unión más apropiados para la perfección de las almas santas que las consolaciones. Se trata de una obra, al mismo tiempo, especulativa y práctica, en la que Chardón se manifiesta al mismo tiempo como teólogo y como místico, y en la que pretende descubrir la razón de los sufrimientos espirituales de las almas fervorosas.
La rica doctrina de Chardon, como explica Cognet, tiene como punto fundamental el análisis y explicación de las pruebas que las almas piadosas encuentran en su camino, es decir, el problema de las purificaciones pasivas, a las que sin embargo no menciona directamente. Sus descripciones de estas pruebas dejan entrever una experiencia espiritual poco común.
A partir del dogma eclesiológico del Cuerpo místico, Chardón busca explicar coherentemente las purificaciones interiores. Si la gracia santificante es participación de la gracia misma de Cristo, necesariamente nos hará participar de los dolores de su pasión; y la participación en ésta será proporcional al grado de perfección a la que aspire. Cuanto mayor sea la perfección, mayores serán las pruebas místicas que relacionan el alma con la cruz de Cristo.
Chardon no titubea en utilizar las articulaciones de la escolástica, pero en reaidad, las influencias que ha sufrido son muy complejas. La más evidente es sin duda la de Canfeld; para el dominico como para el capuchino, la cima del camino espiritual está constituida por la vida supereminente en que el alma llega a la transformación deífica; sin embargo, el voluntarismo de Chardon es ciertamente menos acentuado que el de Canfeld. Su descripción de las purificaciones pasivas debe mucho a Taulero, pero algunas de sus concepciones sobre la Encarnación han de referirse a Harphius. Pudo además haber sufrido, hasta cierto punto, el influjo del berullismo. Pese a todo, la síntesis que edificó continúa teniendo una evidente originalidad.
La Croix de Jésu s coloca al padre Chardon entre los maestros de la vida espiritual. El P. Garrigou-Lagrange no duda en afirmar que Chardon es de una penetración comparable a la de San Juan de la Cruz. De acuerdo a J. Échard, esta es la mayor obra concebida en el convento de Saint-Honoré, e indudablemente, es una de las más grandes obras espirituales que surgen en el siglo XVII francés. Para Florand, los pasajes de simplicidad y unidad de la contemplación infusa, rivalizan con los más célebres textos de Orígenes, San Gregorio de Nisa, Taulero y San Juan de la Cruz.
La influencia de Chardon en los teólogos posteriores parece manifestarse en la indiferencia con que los dominicos franceses posteriores tienen frente al movimiento espiritual de Bérulle, que manifiesta la desconfianza de Chardón frente a la doctrina del desasimiento, tan preciada por Bérulle.
Olvidada por más de dos siglos, su obra fue recogida con gran entusiasmo por el abate Bremont que la dio a conocer en el tomo VIII de su Histoire du sentiment religieux, titulado “La grande synthèse”.
Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores
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