Jordán de Sajonia
Hugo de Saint Cher o San Caro
Humberto de Romans
Ulrico de Estrasburgo
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Humberto de Romans

El venerable Humberto, que ha recibido desde tiempo inmemorial, aunque nunca confirmado, el título de beato, nació en Romans, pequeña villa al norte de Valence en la región de Dauphiné, en el sureste de Francia, hacia el año 1194, de una piadosa familia, según el testimonio de Gerardo de Frachet, quien nos informa que "los frailes [cartujos] solían hospedarse en casa de sus padres". No tenemos noticias de su infancia y primera juventud, salvo que hizo sus estudios en la Universidad de París, donde escuchó de Hugo de San Caro el comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, y en la que ya en 1224 era maestro en Artes.

Humberto, que "con frecuencia pedía a Dios que le otorgase la gracia de morir en la Orden de los cartujos o en la de los Frailes Predicadores, atraído por la fuerza de la predicación de Jordán de Sajonia, tomó el hábito el 30 de noviembre de 1224 en el convento de Saint Jacques de París, donde vivió su noviciado ejerciendo el oficio de enfermero junto con fray Gil de España.

Concluido el noviciado, fue enviado al convento de Lyón donde en 1226, lo encontramos como lector de teología; más tarde, en 1235, enviado por el prior del convento, como negociador en una disputa entre el convento y los canónigos de Lausanne, --lo que indica su conocimiento del derecho y su capacidad de negociación--, no tardando en ser elegido prior (1236). Durante el tiempo de su permanencia en Lyón, florecieron en el convento de Lyón tres grandes figuras del dominicanismo del siglo xiii: Guillermo Peyrault (c. 1199-1271), Pedro de Tarantaise, quien llegaría al solio pontificio con el nombre de Inocencio V (c. 1224-1276), y Esteban de Bourbon (?1261). Más tarde, elegido Humberto provincial de la Provincia Romana (1241), se granjeó la confianza y respeto de la Curia pontificia, tanto así, que fue enviado por el papa Gregorio IX a Tierra Santa, que se refleja en su Opusculum tripartitum:

"Estos inmundos sarracenos tienen ocupado, sucio y profanado, no solamente el templo del Señor, sino también su sepulcro y todos los santos lugares en esa región e innumerables sacrosantas iglesias dedicadas el culto del Dios vivo y Señor nuestro Jesucristo en todas las tierras que han ocupado. Yo he visto con mis propios ojos, una santa capilla, el la cual se alojaron los Sarracenos que iban con el señor Federico, y decían como algo cierto, que por las noches yacían con sus mujeres frente al crucifijo, cometiendo el más abominable de los actos".

En 1244, cuando Hugo de San Caro fue elevado a la púrpura cardenalicia, Humberto fue elegido provincial de Francia. Su provincialato francés duró diez años, en ellos se cuentan la fundación de los conventos de Pons, Nantes y Lisieux, y la ampliación de los de Reims, Lille y Lyón, en el que se logra concluir la edificación de la iglesia conventual, consagrada por el papa Inocencio IV en 1251.

Años más tarde, a la muerte del Celestino IV, según afirma Tomás de Cantimpré, fue incluso candidato a la Sede Apostólica.

Capítulo aparte es la labor legislativa de Romans en Francia; mientras los Frailes Menores sufren a causa de la agria disputa de la pobreza absoluta, la prudente actuación del provincial de Francia hace que las dietas y limosnas de sus conventos mientras conservan la pobreza originaria, sean aprovechadas en orden a la misión apostólica de la Orden, iniciativas aprobadas en los capítulos generales de Colonia (1245) y Metz (1251).

A la muerte del maestro Juan de Wildeshausen, Humberto de Romans fue elegido para sucederle en el Capítulo General de Buda, el 31 de mayo de 1254, convirtiéndose así en el quinto Maestro de la Orden. De inmediato, se abocó a llevar a feliz término la revisión de la liturgia que le encomendara el capítulo general, completándola en 1256, por lo que se la llamó, indistintamente, la liturgia dominicana o humbertina, y, generalmente, se le considerará, aunque sin pleno fundamento, como su creador. Años más tarde, en 1267, el papa Clemente iv daría la aprobación pontificia a la liturgia dominicana ya unificada y suficientemente experimentada en toda la Orden.

Humberto tuvo a su cargo, además, el delicado oficio de la organización de los estudios en la Orden, dando origen a la primera Ratio studiorum generalis, --aprobada en el capítulo de 1259--, redactada por un grupo de frailes designados al efecto: san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino, el beato Pedro de Tarantaise (Inocencio V), y los maestros Florencio de Hesdin y Bonhomme de Bretaña.

En lo que se refiere a las misiones entre los infieles, Humberto les dio un impulso, especialmente a las que se realizaban entre los cristianos separados, los judíos y los musulmanes. Ya desde el tiempo del generalato del beato Jordán, los Frailes Peregrinantes por el Nombre de Cristo, habían irrumpido, desde todas las provincias de la Orden, en el campo misional de los confines de la Iglesia. En su tiempo, san Raimundo de Peñafort estableció en Barcelona la primera escuela de lengua árabe, con la que los frailes Predicadores pudieron adentrarse desde Marruecos hasta Egipto, y después por el Asia Menor hacia Siria, Armenia y la antigua Persia. En Murcia, se fundó la escuela de lengua hebrea. Ya desde sus primeras cartas a la Orden, Humberto exhorta vehementemente a los frailes a no cejar en el estudio de las lenguas extranjeras, en orden a la predicación del Evangelio:

"Si ahora, bajo la inspiración de la gracia de Dios, alguno de ustedes quiere aplicarse, según nuestra voluntad, al estudio del árabe, del hebreo, del griego, o de cualquier otra lengua bárbara; o bien, si otros están dispuestos a dejar su país para pasar a Tierra Santa, a Grecia o a otras provincias de los países infieles [...] ¡No deje de escribírmelo!"

Una multitudinaria respuesta al llamado del maestro Humberto no se hizo esperar, de tal forma, que el propio Humberto escribía, tras el capítulo general de Milán (1256), dando la noticia del éxito a toda la Orden.

El conflicto de París

Al ser elegido Humberto como Maestro de la Orden, se agitaba una cuestión que, de no resolverse favorablemente, amenazaba con destruir o al menos, con quitar su fisonomía propia a dominicos y franciscanos. El estudio concienzudo de la Verdad sagrada en vista la predicación, hizo que los Predicadores pronto pasaran de discípulos a maestros en la misma Universidad de París, que tenía el primado en el campo teológico. El primero de sus maestros fue Rolando de Cremona (1229) a quien sucedió Juan de San Egidio (1231), los primeros entre todas las Órdenes religiosas en poseer una cátedra de teología, y los únicos que la tuvieron en esa época. Pronto los dominicos llegaron a tener dos cátedras en la Universidad parisiense.

En febrero de 1252, el claustro universitario de París mandó que en adelante cada Orden religiosa no pudiese tener más que una escuela pública, ordenación dirigida contra los dominicos, que eran los únicos que poseían dos, y que éstos no tuvieron en cuenta por pertenecer al obispo de París la facultad de abrir o cerrar escuelas. Inocencio IV, avisado del caso por el prior de los dominicos y el guardián de los franciscanos de París, declaró nulo todo lo hecho por la Universidad, ordenando a los maestros, por su bula Amena fiore, de 1 de julio de 1253, reconocer y respetar los derechos de los tres excluidos y encargando a los obispos de Senlis y de Evreux hacerlos someterse, si no de grado, por la fuerza. La bula llegó tarde, porque el 2 del mismo mes el claustro había publicado un libelo acusador de los regulares en general y especialmente de los dominicos, y dirigido a todos los prelados de la cristiandad. Los doctores, al llegar el comienzo del curso en octubre, hicieron publicar la sentencia de excomunión de los dos regentes dominicos. La polémica siguió su curso hasta que Inocencio IV citó en la curia romana a sus principales actores. Guillermo de Saint-Amour, uno de los cuatro citados, y el encargado de defender la causa de la Universidad ante el Papa, embistió contra las Órdenes mendicantes y particularmente contra los dominicos, con una violenta diatriba titulada Liber de Anticristo et eiusdem ministris, que fue posteriormente refutada por san Buenaventura con su De paupertate Christi. Mientras tanto, se privó a los mendicantes del derecho de recibir estudiantes en sus estudios universitarios.

Por este mismo tiempo llegaron a Roma quejas del clero secular contra los privilegios de los mendicantes, que fueron resueltas en favor de los adversarios de éstos y quitándoles, aunque de un modo parcial y restringido localmente, sus franquicias apostólicas. Saint-Amour volvió a la carga logrando convencer al Inocencio IV quien, el 21 de noviembre de 1254, publicaba la célebre bula Etsi animarum, en que de golpe borraba todos los privilegios concedidos a las órdenes mendicantes, dar clases y aún predicar en sus propias iglesias sin permiso expreso de los párrocos. La casi inmediata muerte del Papa, apenas dieciocho días más tarde, y el regreso a París del rey Luis IX de Francia, desde Palestina, hicieron que pronto se revertiera la situación.

Elegido sucesor de Inocencio, el papa Alejandro IV el 21 de diciembre de 1254, al día siguiente publicó la constitución Nec insolitum, en que declaraba públicamente abrogado lo dispuesto por la bula de su predecesor, y el 31 de diciembre dirigía una carga muy afectuosa a Romans dándole parte de su elevación al trono pontificio. La carta-encíclica que a raíz de esto dirigió Romans --el alma de todo lo dispuesto-- a toda la Orden, es una obra maestra de tacto y diplomacia.

En 1256, Romans presidió el capítulo general que se reunió en el convento de Saint-Jacques poco después de haber sido otorgado el grado de Maestro a santo Tomás de Aquino, no obstante la oposición de la Universidad. San Luis IX aprovechó la ocasión para ofrecer al Maestro de la Orden un delicado testimonio de su amistad, haciéndole apadrinar a su sexto hijo, Roberto de Clermont, que se convirtió en el tronco de los Borbones.

Una reunión de prelados que trataba de reconciliar a los Predicadores y la Universidad quiso tentar un último esfuerzo aprovechando la estancia en París del Maestro general y citó a escucharlos a éste y a Guillermo de Saint-Amour. Guillermo afirmó no haber nunca injuriado a una Orden aprobada por la Iglesia, en tanto que Romans denunció enérgicamente sus calumnias a infames manejos; los obispos propusieron entonces someter la cuestión a un Concilio nacional, pero el Maestro de los dominicos veía más lejos que los prelados y, muy hábilmente, supo hacerles comprender que aquello, además de comprometer más las cuestiones, atacaba indirectamente la supremacía pontifical. Un escándalo precipitó los acontecimientos y obligó a Romans a proceder enérgicamente: la publicación del libelo de Guillermo de Saint-Amour, Libellus de periculis novissimorum temporum (1256), en que se lanzan las mayores acusaciones contra dominicos y franciscanos. Romans, enterado de la designación de una comisión de cardenales para juzgar el libro, se hizo presente en Anagni, donde se encontraba la Curia pontificia, llevando consigo a los dos hombres más eminentes con que por ese entonces contaban los dominicos: el bienaventurado Alberto Magno y su discípulo santo Tomás de Aquino. Los franciscanos, por su parte, estaban representados por el beato Juan de Parma, su ministro general y san Buenaventura, el primero de sus doctores. Encargado oficialmente por Romans de la refutación del libelo, santo Tomás de Aquino compuso en pocos días un opúsculo, cuya substancia se puede encontrar en el opúsculo que figura entre sus obras, Contra impugnantes Dei cultum et religionem, que fue leído en presencia del Papa y los cardenales-jueces y trajo como consecuencia la condenación solemne del libelo de Guillermo de Saint-Amour el 5 de octubre de 1256, quien finalmente fue desterrado de los reinos de Francia por Luis IX.

Los últimos años

El generalato de Humberto terminó en 1263 cuando inesperadamente presentó su dimisión. La razón dada por la mayoría de los cronistas fue la precaria salud del maestro Humberto, quien prefirió dejar que alguien más joven y fuerte pudiese cumplir la misión del magisterio dominicano. Esto explicaría que pese a su retiro en el convento de Valence, se le pidiese su opinión sobre graves cuestiones tratadas en el Concilio de Lyón, además de la comisión que le encomendara el papa Clemente IV en 1265 para pacificar la Orden del Císter, profundamente alterada, y la comisión que su sucesor, el beato Juan de Vercelli le dio de informar al Concilio de Lyón (1274).

Profundamente respetado durante su vida, como lo muestran las actas del Capítulo General de Londres (1263), desde su muerte, el 14 de julio de 1277, en el convento de Vienne, donde fue sepultado, se le dio el título de beato, aunque nunca fue confirmado. Hoy se le da generalmente el título de "venerable". Sobre su sepulcro se escribió este epitafio:

Hic jacet hortorum fons , fertilis: area: flor):
regula: doctor: lux semita: Normaque morum.
Hic fuit Humbertus, Romanis nomine dictus
Consilio certus, nullo discrimine victus.
Ter cum bis ter annis fuit ipse magister
Ordinis, et fratrum rector, lux, gloria patrum.
M.CCni VIIni LXXeni
Anni post Christum tumulant feliciter istum
Quem fulgens sidus sursum julii trahit idus.
M.CC .LXXVII.

Los escritos humbertinos

Pacificador en gran escala, fue Romans, ante todo y sobre todo, un genio organizador, y este es su verdadero terreno. La orden dominicana, desde este punto de vista, le puede considerar como su segundo fundador. Existía el derecho fundamental dominicano codificado por el gran canonista san Raimundo de Peñafort; pero quedaba por fijar la costumbre y toda la jurisprudencia de ese derecho que, como promulgado por hombres de alta mentalidad, era un poco esquemático y demasiado conciso en sus fórmulas. Romans, con su profunda experiencia de la vida dominicana, llenó estos vacíos con sus cartas-encíclicas, con su prudente dirección de la obra legislativa de los Capítulos y, sobre todo, con su minucioso tratado De Officialibus Ordinis Praedicatorum, su Expositio Regula Sancti Augustini Episcopi y su Expositio super Constitutiones Fratrum Praedicatorum.

Esta es la serie de sus obras auténticas:

-Ecclesiasticum officium secundum Ordinem Fratrum Praedicatorum , aprobado por los capítulos de 1254, 1255 y 1256 y confirmado por el papa Clemente IV en 1267.

El trabajo de corrección, complemento y unificación de la liturgia de la Orden a partir de las liturgias provinciales, que presentaban, en algunos casos, grandes diferencias, comenzó desde 1245, cuando se encomendó a cuatro frailes de diversas provincias (Francia, Inglaterra, Lombardía y Teutonia), el trabajo de revisión y conformación. Su trabajo fue presentado en dos ocasiones, la primera en los capítulos de 1246, 1247 y 1248, y la segunda en los de 1251, 1252 y 1253. Este intento, sin embargo, resultó infructuoso por las múltiples resistencias encontradas.

Humberto tuvo el mérito de tomar en sus manos el trabajo desde su elección. Es posible que el propio Humberto tuviera la iniciativa desde su provincialato en Roma, cuando en el capítulo provincial romano de 1244 confió a dos frailes la corrección del leccionario litúrgico de esa provincia. De 1245 a 1247, siendo provincial de Francia, había recibido el capítulo general la misión de hacer corregir el leccionario de la Orden.

En el capítulo general de 1255, Humberto pidió a todos los padres capitulares que le enviasen todos los relatos milagrosos o edificantes que pudieran reunir sobre el pasado de la Orden. Este impulso y esta colección son el origen de las Vital Fratrum de Gerardo de Frachet, de las que Humberto escribió el prefacio; son también origen del Bonum universale de apibus de Tomás de Cantimpré, en el que Humberto también redactó el prefacio. Estas obras tenían la misión de ser "consuelo y espiritual incremento" para la vida de los frailes.

- Epistola de regularis observatia disciplinae , conocida comúnmente como Epistola de tribus votis substantialibus religionis. Tratado completo sobre la esencia de la vida religiosa, en que insiste en las virtudes de la vida religiosa: 1) obedientia (unum de substantialibus religionis); 2) sine proprio vivere (alia observatia regularis); 3) castitas (unum bonum de religionis principalibus), 4) humilitas (mater virtutum), 5) patientia (virtutum clypeus), y 6) una serie de actitudes y de prácticas frente a Dios y el prójimo. Es de notarse que al hablar de la pobreza, Humberto no habla de la mendicidad.

- Expositio super Regulae Sancti Augustini episcopi . De gran valor histórico por las noticias que trae acerca de la práctica de la misma durante la Edad Media. La importancia de este texto llegó a ser tal en la tradición dominicana, que el capítulo provincial de Alemania en 1769, ordenó que los novicios la leyesen obligatoriamente.

Esta Expositio es un comentario a la regla con el propósito de aclarar los puntos obscuros desde la perspectiva de la observancia dominicana y, sobre todo, de presentar la riqueza que contiene para la vida de los Predicadores. Está organizada en siete capítulos de extensión desigual: 1) de la comunidad, 2) de la penitencia; 3) de la perfección de las virtudes; 4) de la pobreza; 5) de la fraternidad; 6) de la obediencia; 7) concluye con un largo discurso sobre la necesidad de observar la Regla con diligencia. En el último punto, Humberto descubre su intención al hacer este comentario: combatir la indiferencia de los frailes hacia esta regla tradicional, adoptada para satisfacer las exigencias del canon 13 del concilio IV de Letrán, y excitarlos a tomarla con seriedad, comenzando su redacción hacia 1255, para concluirla, después de su de su renuncia al magisterio dominicano en 1263. A lo largo de su exposición, Humberto inserta un gran número de observaciones sobre la vida dominicana, en particular sobre el estudio y la pobreza, además de un sinnúmero de citas bíblicas y patrísticas que la hacen sumamente original y ágil.

- Expositio super Constitutiones Fratrum Praedicatorum . Con razón calificada de áurea, glossemata aurea, y desgraciadamente interrumpida en sus comienzos, apenas abarca el comentario al Prólogo y el primer capítulo de la primera Distinción. Fue redactada no más tarde de 1267. Quizá Humberto no la continuara, porque la materia que completaría esta Expositio la había desarrollado ya en sus otras tres obras sobre la vida dominicana: la Epistola de regularis observatia disciplinae, la Expositio super Regulae Sancti Augustini episcopi, y sus Instructiones officialium Ordinis Praedicatorum.

-
Quaestiones circa statuta Ordinis Praedicatorum . En este pequeño opúsculo, Humberto responde a cinco cuestiones concernientes: 1) a la obligatoriedad de la regla y las constituciones; 2) a la obediencia al superior; 3) la duración de sus determinaciones; 4) el poder de su cargo temporal, y último, 5) la corrección de las faltas menores. La redacción de este opúsculo es posterior a la de las dos

- Expositio , a las que menciona, y de donde retoma y completa su doctrina.

- Instructiones officialium Ordinis Praedicatorum. Exposición de las costumbres de la Orden, que es la mejor fuente para conocer la vida dominicana en el siglo XIII. Publicada por Berthier en la Opera de Vita Regulari, esta obra fue frecuentemente editada en seguida de la Regla y las Constituciones dominicanas. Parece haber sido redactada entre 1257 y 1267. En ella, Humberto explica, desde su maravillosa experiencia de maestro de la Orden, la función de los oficios instituidos durante su generalato.

- De eruditione Praedicatorum . Esta basta suma para uso de los predicadores mendicantes, fue compuesta por Humberto en la última década de su vida, entre 1266 y 1277. No parece haber estado, en su origen, dividida en libros.

Humberto analiza los efectos de las palabras y frases, y cómo se debe utilizar adecuadamente para despertar los sentimientos religiosos de los oyentes. La obra se divide en dos libros: el primero trata De praedicatorum munere seu officio ; el segundo, De materiis sermonum sive collationum , consta de cuatro partes: 1) Ad omne genus hominum , 2) In omni diversitate negotiorum , 3) Secundum varietatem temporum , 4) Secundum varietatem festorum . Las dos últimas han permanecido inéditas.

La primera parte trata de la preparación y el ejercicio de la predicación. La segunda, especialmente original en sus dos primeras secciones, proporciona abundante material a los predicadores, sugestivamente adaptados tanto a circunstancias como a personas.

- De modo prompte cudendi sermones . Esquema para la formulación de sermones, profusamente ilustrado de ejemplos predicables.

- Liber de praedicatione crucis contra Sarracenos . Escrita por Humberto poco después de la caída de Sephed, el 24 de abril de 1266, cuando el papa Gregorio X encomendó a los frailes Predicadores y Menores la predicación de la cruzada. El Liber de predicatione crucis contra Sarracenos fue compuesto con la finalidad de proveer a los predicadores de esquemas y material para la predicación de la cruzada. Consta de 46 capítulos en los que Humberto desarrolla la seriedad con que deben prepararse los predicadores, incluyendo: la lectura del Corán, y el conocimiento de la geografía y de todo lo que en la historia justifica sus pasajes.

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Litterae encyclicae . Doce cartas dirigidas a toda la Orden, la mayoría de ellas con motivo de los capítulos generales celebrados durante su magisterio, se conservan del maestro Humberto de Romans, correspondientes a los años 1254, tres de 1255, 1256, 1257, 1258, dos de 1259, 1260, 1261 y 1262.
Sus cartas comunican a la Orden las informaciones generales, en particular sobre los ministerios asumidos por la Orden y sobre los obstáculos que ha encontrado. En todos los casos, exhortan a los frailes a alejarse de los abusos, y a esforzarse en la perfección de su estado de religiosos y predicadores.

Liber de his quae tratanda videbantur in Concilio Generali Lugduni celebrando sub Gregorio Papa X. Llamado también Opus Tripartitum, es una memoria "sobre la acción de la Iglesia contra los sarracenos, sobre el cisma de los griegos y, finalmente, sobre las reformas en la Iglesia latina", es decir, sobre las tres metas a alcanzar por el II concilio de Lyón, según su carta convocatoria, fue redactado por Humberto de Romans, ya en vísperas del Concilio (1274), sin duda alguna, a petición del maestro de la Orden Juan de Vercelli.

La primera parte demanda la realización de la cruzada, siguiendo la doctrina expuesta en el Liber de praedicatione crucis contra Sarracenos; en la segunda parte desarrolla los medios para renovar la unión con los griegos. Por último, la tercera parte, propone la reforma de las órdenes mendicantes, de la Iglesia Romana, de sus prelados y del Imperio entero.

Además de estas producciones se le han atribuido dos de carácter histórico por haber circulado a la orden dominicana bajo su patrocinio: una crónica, conocida por la Crónica de Humberto, que es obra de Pedro Ferrando, dominico gallego, autor de la segunda Leyenda de Santo Domingo y las Vitae Fratrum, que, compiladas por su orden y con materiales históricos a él remitidos, lo fueron por el provincial de Provenza Gerardo de Frachet, como hace fe la carta que precede a la que se pudiera llamar la edición oficial. Se le ha adjudicado también, sin duda por la confusión que el título provoca, el De eruditione religiosorum de Guillermo Peyrault, además de dos opúsculos anónimos, el Paradisus animae, llamado también De veris et falsis virtutibus, y el Libellus de septem gradibus contemplationis, que también ha sido atribuido a santo Tomás y a san Buenaventura. Recoge, además, J. Berthier, un opúsculo titulado Libellus seu Tractatus de instructione novitiorum, que se consideró anónimo durante mucho tiempo, y que Vicaire atribuye a Jean de Montlhéry.


La influencia de Humberto de Romans en la Orden de Predicadores

En toda la historia de la Orden de Predicadores, quizás ningún maestro general, salvo santo Domingo, ha dejado huellas tan profundas como Humberto Romans, que debe ser considerado con justicia como el organizador de la misma y el que acabó de orientarla de manera definitiva. Habiendo bebido la vida dominicana desde las más puras fuentes, y siendo discípulo de los más autorizados frailes de la primera generación dominicana, Humberto de Romans influyó más allá de los límites de la Orden misma.

"Obra incomparable donde no se sabe que admirar más: la precisión o la seguridad de la doctrina, el tacto o la bondad siempre alegre, con frecuencia espiritual, de la expresión. Humberto se muestra un moralista perfecto. Poco místico, no tiene la pretensión de elevar las almas a alturas inaccesibles; sino como él dice, quiere que todos puedan comprenderlo y practicar. Se basa en la autoridad de los más confiables. Jamás el buen sentido religioso ha hablado en una lengua más discreta y ha dado una dirección más segura y más fructífera. Por esta razón, Humberto de Romans marcha a la cabeza de los escritores ascéticos. Es infinitamente lamentable que sus obras no hayan sido traducidas en lengua vernácula, y desgraciadamente, sea patrimonio espiritual de muy pocos".

En lo que se refiere al ideal dominicano, es Humberto quien lo trata con rasgos más firmes y claros. "En toda la obra de fray Humberto de Romans se describe con detalle el modo de vida de un convento dominicano de la segunda mitad del siglo XIII". Sus tratados sobre la vida religiosa, lo son específicamente sobre la vida dominicana, y son fuente imprescindible para adentrarse en el estudio y comprensión de la espiritualidad dominicana de todos los tiempos.

Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores