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Enrique Seuze

De la familia von Berg, Enrique Seuze nació en los últimos años del siglo XIII (1295-1300) en Constanza, aunque algunos piensan que pudo haber sido en Überlingen, Suiza; sin embargo, tomó el nombre de Seuze de su madre _latinizado en Suso y castellanizado en Susón_. Le conocemos sólo por su nombre religioso de Fray Enrique. Usó con frecuencia de seudónimos, como los de "servidor" y "discípulo" de la sabiduría eterna, el Verbo de Dios, y también del término "Amandus".

Pocos datos se conservan de su infancia, salvo su "natural tierno y amable", y su también natural inclinación a la piedad, heredada de su madre. A los trece años ingresa en el convento dominico de Consanza _Inselkloster_, después de haber obtenido la dispensa necesaria, que quizá fuera comprada por su padre, lo que le causó grandes perturbaciones interiores:

"Después de este terrible sufrimiento que había durado cerca de diez años, durante los cuales se sentía irremisiblemente condenado, fue a ver al maestro Eckhart y le contó sus penas. El siervo de Dios le consoló para siempre y le sacó del infierno en que había vivido".

Los primeros años de su vida religiosa parecen haber sido tibios y ligeros, mas a los 18 años tuvo una experiencia mística que provocó su "conversión" y le atrajo a los "esponsales espirituales con la eterna Sabiduría", lo que marcó toda su vida interior y toda su actividad apostólica.

Alrededor de 1320, fue enviado, tras concluir sus estudios en Constanza, al Studium Generale de Colonia, donde fue discípulo de maestro Eckhart. Vuelto a Constanza, después de haber obtenido el título de Lector, se dedica a la enseñanza hasta que, a raíz de la condenación de Eckhart (abril de 1329), se le acusa de sospecha de herejía, y se ve obligado a abandonar la cátedra y su título de Lector. Aunque no se puede precisar con exactitud qué capítulo de depuso de su cargo, Cilleruelo presenta esta cronología:

1329 Condenación de Eckhart.

1330 Susón es acusado de herejía y corrupción ante el Capítulo Provincial de Utrech.

El mismo año, el Capítulo General de Maestrich denuncia sus doctrinas como peligrosas y nocivas.

1335 El Capítulo Provincial de Bois-le-Duc le reprende en público duramente.

1336 En el Capítulo General de Burges es depuesto y privado del título de Lector.

A raíz de esto Susón abandonó la cátedra y se dedicó de lleno a la predicación y a la dirección espiritual, sobre todo en los monasterios de monjas a lo largo de la ribera del Rhin, en Suiza y Alsacia, particularmente los monasterios dominicanos de Katherinental, Casthenbach y Töss, éste último dirigido por Elisabeth Stagel, a quien debemos la primera redacción de su Autobiografía y la colección de sus cartas; y además, en el círculo de los "Amigos de Dios", compuesto por sacerdotes seculares, religiosos, religiosas y laicos, extendidos en la misma zona y por los Países Bajos.

No obstante las vicisitudes académicas, Susón fue elegido prior del convento de Constanza en 1333, y tiempo más tarde, al recrudecerse la lucha entre el Emperador Luis de Baviera y el Papa, la ciudad de Constanza, fiel al Emperador, fue puesta en entredicho; Susón, fiel al Papa, abandonó la ciudad, dirigiéndose al parecer a Diessenhofen, donde fue elegido prior de la comunidad exiliada (1343-1344), pudiendo retornar a Constanza alrededor de 1347. Sin embargo, hacia 1348, debido aparentemente a una calumnia, se vio obligado a dejar definitivamente Constanza, quizá expulsado de la misma comunidad, abandonado aun de sus más caros amigos, como Enrique de Nördlingen, retirándose a Ulm, donde murió con fama de santidad el 25 de enero de 1366. El papa Gregorio XVI, confirmó su culto el 22 de abril de 1831, y su recuerdo litúrgico se hace en toda la Orden de Predicadores el 23 de enero cada año.

Semblanza mística

Ya desde su primera infancia, Enrique manifestó una profunda inclinación hacia la vida de piedad, según los datos que él mismo nos proporciona: Desde mis primeros años, mi alma sintió un deseo, una sed de amor, cuya causa ignoraba.

Esta inclinación a la piedad, aunada a un "natural tierno y amable", dió por resultado, gracias a la profunda experiencia mística tenida en la juventud, al "caballero de la Eterna Sabiduría", que dejando fluir su vena poética, se transforma en el último poeta de la mística alemana, un trovador espiritual, el último poeta del medioevo alemán".

Su exquisita sensibilidad le permite expresar, en cuadros de gran patetismo, los dolores del Cristo sufriente, aunque en ocasiones haya sido citado "como ejemplo de ascetismo extravagante", y tildado de "femenino", por otros. No obstante, a lo largo de toda su explosión mística y poética, se advierte una viril firmeza y una ecuanimidad muy poco conformes con estas opiniones; además que "para descubrir su fisonomía espiritual es necesario consultar este documento -el libro de su vida-", donde, a pesar del estilo propio de la época en el que está escrito, se advierte una profunda y serena personalidad bien equilibrada.

Por otra parte, a diferencia de Eckhart, su maestro, el gran metafísico de la escuela mística alemana, y de Taulero, el moralista, Enrique Susón tiene la ventaja de la experiencia mística, que le hace superar los puros conceptos, para adentrarse en el terreno de la experiencia misma, aunque ésta nunca logre explicitarse adecuadamente con las palabras.

Otro aspecto de su personalidad, es su heroico espíritu de mortificación, que le hace, al mismo tiempo que castigar su cuerpo de manera sorprendente: Hasta ahora te azotabas con tus propias manos, y dejabas de hacerlo cuando te tenías compasión; pero desde ahora te dejaré en manos de otros, que te maltratarán sin que puedas defenderte; ellos de harán llevar una cruz algo más dolorosa que la erizada de puntas de hierro con que atormentabas tu espalda, - adentrarse en la contemplación de los sufrimientos de Cristo y por medio de ellos, pasar de la humanidad doliente a la divinidad gloriosa del Salvador: Nadie puede llegar a las sublimes alturas de la divinidad ni gustar su extraordinaria dulzura, si antes no ha pasado por la contemplación y bajeza de mi Humanidad. Sin eso, cuanto más uno se remonte, más abajo cae. Mi humanidad es el camino que ha de seguir quien desea llegar a lo que tú buscas.

La obra susoniana

Bajo el título de Exemplar, se recopilaron en 1362, las cuatro obras más importantes de Enrique Susón. Esta recopilación, que parece haber sido hecha bajo su propia supervisión, fue realizada en el monasterio de las monjas dominicas de Töss, y habiéndose hecho en lengua alemana, constituye el culmen de la prosa alemana medioeval. Esta colección la forman su Autobiografía --Leben--, el Pequeño libro de la Verdad --Das Büchlein der Wahrheit--, el Pequeño libro de la Eterna Sabiduría --Das Büchlein der ewingen Weisheit--, y el Pequeño libro de las Cartas --Kleines Briefbüchlein--.

1.- Leben. El libro de su vida o Autobiografía.

Escrito por Isabel Stagel (+ 1350), monja dominica, priora del monasterio de Töss e hija espiritual suya, fue revisado y completado por el mismo Susón, por lo que puede considerarse como una auténtica Autobiografía. Está dividido en dos partes: la primera trata de la vida de Susón; la segunda, a partir de la vida del beato, es una serie de reflexiones doctrinales y espirituales.

El estilo de la obra es del tipo de las leyendas hagiográficas propias de la época, haciendo resaltar, más que la cronología, el sentido de la vida del biografiado, como un medio de edificación para la vida religiosa. Por lo mismo, habla profusamente de una de las notas características de la espiritualidad susoniana: la purificación pasiva y la mortificación corporal y espiritual, que movida por un intenso amor a Dios, lleva al hombre a abandonarse en las manos divinas para después de "haber seguido al Hijo de Dios a donde El fue según su humanidad, sufriendo la muerte de cruz... seguirle también gozosamente a donde está según su pura divinidad y gozar de ella de un modo espiritual y venturoso en el tiempo y en la eternidad".

Durante algún tiempo los críticos negaron el carácter histórico de este libro, basados, entre otras cosas, en sus relatos casi increíbles de penitencias corporales, que le dan un toque casi mítico; no obstante, en la actualidad, la opinión general es la ya expuesta de que la obra fue escrita por Elisabeth Stagel, basada en las noticias recogidas por ella misma, y posteriormente revisada y completada por el mismo Susón.

El libro -según anota Moliner, fue editado por primera vez en Augsburgo (1482) por Félix Fabri. Se conserva un manuscrito del siglo XIV en Münich.

2.- Das Düchlein der Wahreit. El pequeño libro de la Verdad o Diálogo de la Verdad.

Compuesto no antes de la muerte del maestro Ekchart, en de julio de 1327, y necesariamente no después de abril de 1329 en que se publica la bula In agro dominico con que llegó la condenación de algunas sentencias de Eckhart, consta de siete capítulos que contienen cuestiones místicas especulativas, escritas en forma de diálogo con el fin de refutar los errores panteístas de los "hermanos y hermanas del libre espíritu" y los begardos heterodoxos.

Esta obra es "el tratado de mística más difícil del medioevo". En él, inspirándose principalmente en el Pseudo Dionisio Aeropagita, "defiende apasionadamente la doctrina de Eckhart sobre la unión transformante, que es la meta más alta que puede ser alcanzada por un "hombre noble _Von dem Edele Menschem es el título del tratado de Eckhart sobre el mismo argumento_". "El alma, -resume Moliner-, se une con Dios, se fusiona con El, se sumerge en El, pero sin perder su naturaleza. Lo mismo que una madre lleva en las entrañas a su hijo, y el aire que respira sirve para que respire su hijo, así el alma dentro de Dios vive la vida de Dios, siendo hijo suyo. La personalidad, insiste Susón, no se pierde en el sentido lógico sino en el moral: Al perfecto le acontece como al ebrio, que pierde su conciencia moral".

Explica Susón que el camino para llegar a esta unión transformante es por medio del abandono total de sí mismo, del anonadamiento absoluto de sí (Gelassenheit): "Sábete que el renunciamiento interior conduce al hombre a la suprema verdad". Además, expone su doctrina sobre otros temas como: Dios y la naturalidad divina, Unidad y Trinidad de Dios, Creación y Redención... libertad y conducta moral del hombre. "Trata _explica Moliner_ de la unión del alma con Dios, y se hace resaltar claramente cómo esta unión no supone un panteísmo. El alma se une con Dios, se fusiona con Él, se sumerge en Él, pero sin perder su naturaleza. Lo mismo que una madre lleva en sus entrañas a su hijo y lo que ella come alimenta al hijo, así el alma dentro de Dios vive la vida de Dios, siendo hija suya. La personalidad _insiste Suso_ no se pierde en el sentido físico, sino en moral".

3.- Das Düchlein der ewigen Wisheit. El pequeño libro de la Eterna Sabiduría.

Escrito entre 1328 y 1334, Libro de la Sabiduría es estilística y doctrinalmente su primera obra y la cumbre de la mística y de la literatura de Susón, y su obra más popular, traducida a todas las lenguas cultas y con más de un centenar de ediciones. En Alemania es tan popular como la Imitación de Cristo, cuyo autor, en más de una ocasión, transcribió en su obra casi literalmente, pasajes completos de Susón y sirvió de inspiración a los artistas que en el siglo XV trataron los temas de la Pasión. Redactado en forma de diálogo, consta de un prólogo y tres partes, con un total de 20 capítulos, desdoblados en treinta y dos con la finalidad de avivar el fuego del amor de Dios. Contrapone la auténtica sabiduría al saber vano de muchos. La verdadera sabiduría consiste en aprender a morir, lo que implica un continuo estudio para transformar toda la existencia en una permanente alabanza a Dios.

El tema fundamental sobre el que gira todo el libro es la contemplación de la Pasión de Cristo, alrededor de la cual Susón va enlazando diferentes temas. En la primera parte se habla sobre el valor del amor de Dios, la justicia divina, el mérito de la paciencia en las penas temporales, el sufrimiento de la Madre de Dios, el cielo y el infierno, etc. La segunda parte es una continua exhortación sobre el deber de aprender a bien morir, la vida interior, la necesidad de acercarse a la Eucaristía y de no alejarse de la alabanza divina. La tercera parte contiene cien meditaciones sobre la Pasión del Señor, que suelen publicarse por separado; de ellas, las primeras 95 son una meditación amorosa sobre la Pasión de Cristo, y las cinco últimas, sobre los dolores de María.

4.- Klaines Briefbüchlein. El pequeño libro de las cartas.


Es la recopilación de once pequeñas cartas, sin destinatario, elegidas expresamente por Susón de entre su epistolario. En ella, con una lógica rigurosa, "sintetiza la vida mística desde sus inicios hasta los grados más elevados, y dirige a las almas con prudencia pero sin dejarse sorprender por la debilidad". Estas cartas fueron enviadas como circulares destinadas a la instrucción de las monjas. "El librito de las cartas perdió parte de su encanto y espontaneidad en la revisión que hizo Suso con vistas a su publicación, pero estas cartas son modelo de discreción y de discernimiento de espíritus".

5.- Otros escritos.

Además de las obras ya mencionadas, cabe anotar el Grosses Briefbuch, el Gran libro de las cartas, dirigidas, en su mayoría, a las monjas dominicas discípulas suyas, y que nos presentan al beato Susón de una manera natural, espontánea, lo mismo en sus datos biográficos que en su psicología y su doctrina.

A este Gran libro de las cartas, pertenece la famosa carta 28, mejor conocida como el testamento del amor, que forma parte de la liturgia del 23 de enero, conmemoración del beato Enrique en el calendario litúrgico de la Orden de Predicadores. De nueva cuenta, es a Isabel Stagel a quien debemos la colección de sus cartas.

El Horolorium Sapientiae es una traducción libre al latín que el propio Seuze realizó del Libro de la Eterna Sabiduría, entre 1335 y 1339.

De sus Sermones nos quedan cinco, aunque de ellos sólo uno ó dos pueden considerarse como auténticos sin duda alguna. Se trata de sermones místicos dirigidos a sus hijas espirituales.

A estas obras hay que añadir el Cursus de aeterna Sapientia, de origen dudoso, y el Pequeño libro del amor (Minnebüchlein), que si bien no fue escrito directamente por Susón, está lleno de su espíritu y doctrina. El Tratado de las nueve peñas, que le fue atribuido durante mucho tiempo, es en realidad obra de Rulman Merswin.

La obra de Susón, escrita originalmente en alemán, fue traducida al latín en 1555 por el cartujo Surio, que "en la epístola dedicatoria a Blosio dice que son utilísimas a todo cristiano".

En los escritos de Susón no es difícil descubrir la influencia de las doctrinas teológicas de santo Tomás y de san Buenaventura.

Doctrina espiritual

Discípulo de Eckhart, lo mismo que Taulero matiza y expone prudentemente el punto fundamental de la doctrina de su maestro, que sintetiza en estas palabras: "El alma debe deponer su forma de creatura, debe conformarse con Cristo, y debe ser transfigurada en Dios"; palabras que presentan la clásica distinción de los tres grados de la vida interior.

a) Primer grado.
La vía purgativa: El alma debe deponer su forma de creatura.


El inicio de la vida espiritual presupone una "primera conversión", que se da "según la Escritura". Los principiantes deben despojarse de todas las cosas creadas, mortificándose y liberando el corazón de toda forma sensible e imaginativa:

"Empieza por rechazar todo placer y toda satisfacción del sentido; evita la curiosidad de la vista y del oído; haz siempre aquello por que sientas más repugnancia, que mi amor te lo hará dulce y agradable. No concedas a tu cuerpo blandura ni satisfacción alguna; no busques el placer ni el descanso sino en mí; sufre con mansedumbre y humildad los defectos de tus prójimos; ama a quien te desprecia; ten a raya todos sus apetitos; pisotea y mata todos tus deseos".

"Tiempo es ya de que dejes el nido de esas consolaciones propias de principiantes, y que te remontes más arriba...", porque "cuando el hombre es del todo purificado interiormente de las manchas de pecados, viene a quedar desprendido de las imágenes o representaciones, y así logra elevarse sobre los tiempos y espacios, a los cuales estaba atado... Allí comienza a respirar otro aire mejor; conoce la verdad y gusta de la felicidad divina, dando una mirada al ahora, siempre presente de la eternidad..."

Continúa Susón, al referirse a aquellos que se inician en la vida espiritual, enseñando que deberán también retirarse en la soledad interior y exterior:

"Dónde piensas que podrás hallar más santidad y abnegación que en los Apóstoles? Y sin embargo, me fue preciso separarme de ellos para mejor prepararlos a recibir el Espíritu Santo. ¿Cuánto más perjudicial será la presencia de los hombres que no la mía?".

Y todo esto con el fin de atender solamente a Dios:

"No creas que baste pensar en mí durante una hora; el que quiera escuchar en su interior mis dulces palabras, y conocer los arcanos y misterios de mi Sabiduría, debe estar siempre conmigo".

Por fin, es indispensable que aquel que busca verdaderamente la Sabiduría, asuma un comportamiento pasivo de total abandono a la voluntad divina -Gelassenhait- concepto fundamental de la mística susoniana, porque sólo "el renunciamiento interior conduce al hombre a la suprema verdad.

b) Segundo grado.
La vía iluminativa: El alma debe conformarse con Cristo.

Esta etapa está constituida por la asidua meditación de la Pasión de Cristo, y la imitación de su vida:

"Medita mi Pasión, hijo mío, para que puedas grabar bien en tu corazón los crueles tormentos que padecí... Haz que tu alma me contemple en esta figura, tan humillado, tan despreciado, y en concepto de todos, como un impío, como un miserable digno de la muerte más cruel. (...) Sólo por la amargura se puede llegar a las dulzuras, y por las humillaciones de mi humanidad a las grandezas de mi divinidad. (...) Sígueme y no temas, te investiré de mi armadura, y serás participante de mis dolores".

Así, la renuncia total -Gelassenheit-, se transforma en un seguimiento incondicional del Cristo sufriente:

"Prefiero el desprendimiento de todo lo terreno, el estudio e imitación de mis ejemplos, la trasformación del alma que imita mi Pasion, más que todos los gemidos del mundo juntos... porque Yo quise sufrir, sobre todo, para después ser imitado e imprimir en mis escogidos la imagen dolorosa que tuve sobre la cruz".

c) Tercer grado.
La vía unitiva:
El alma debe ser transformada en Dios.


Conformada ya con Cristo, el alma abandonada en Dios lleva en sí la imagen del Hijo de Dios, y entonces viene a ser transformada en la divinidad: "renace" en Dios, retornando, en Cristo y por Cristo, a su origen, a su "eterno ejemplar":

"Cuando el hombre, considerando a Cristo crucificado, llega a conformarse a esta divina imagen, logra contemplar la gloria del Señor, pues es llevado del Espíritu de Dios de claridad en claridad; de la luz de su dulce humanidad, pasa a quedar transformado en los resplandores de su divinidad. Y así, mientras más lo contemplemos amorosamente, y, llenos de los santos deseos, más conformemos nuestra vida con la suya, tanto más plenamente gozaremos en la eternidad de su bienaventuranza esencial".

"Así, verás cómo el alma en Dios permanece siendo creatura, y cómo, una vez que se pierde en ese abismo de la Divinidad, no piensa si es no no es creatura. Ella en Dios recibe su vida, su bien, su felicidad, todo cuanto es; y estando así, fija e inmóvil en El, se calla y descansa en aquel océano de infinita ventura, no contemplando otra esencia que la divina". (...)

Sin embargo, aunque el alma se pierde en el abismo de la Divinidad, no por ello se da un fundirse en ella. Susón desvía esta permanencia del alma en Dios de todo peligro de panteísmo:

"En aquellos momentos es cuando de verdad se puede decir que se pierde toda en Dios, no en cuanto a la naturaleza, sino en cuanto a la propiedad y uso de las potencias, pues ya no puede querer una cosa o la otra, y sólo puede desear a Dios. Esta es la perfecta libertad, el no poder querer más que a Dios, es decir, querer siempre el bien y nunca el mal".

El alma nunca se hace parte de Dios. Sigue siempre siendo ella misma, totalmente distinta de Dios y de las demás creaturas, y esa es su recompensa a todas las renuncias y mortificaciones, a todos los desprendimientos en seguimiento del Cristo sufriente, el ser ella misma, para siempre en Dios.

Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores