Alejandro Piny
Alexandre Piny nació en Allos, en los Alpes de la Alta Provenza, el 25 de febrero de 1640, así consta en su acta de bautismo. Su padre Esprit Piny, originario del partido de Guinans, era en esa época notario ducal y estaba diputado en Allos; su madre, perteneciente a la familia Pascalis era de una gran piedad.
Desde su primera su infancia Piny se trasladó a Draguignan donde estudió las primeras letras, y a la edad de dieciséis años, Piny tomó el hábito de la Orden en el convento de Draguignan, que pertenecía a la entonces provincia de Provenza. Terminados sus estudios, con la colaboración de dos predicadores de su Orden, evangelizó el valle de Barcelonnette y probablemente su país natal, y poco tiempo más tarde, sus superiores lo enviaron a enseñar filosofía y teología en Marsella, y posteriormente en el estudio general de su provincia en Aix, donde en 1672 defiende vigorosamente su tesis doctoral en teología sobre la gracia preveniente y la gracia cooperante.
En 1671 fue nombrado Regente de estudios, y en 1675, con apenas treinta y seis años fue creado Maestro en Sagrada Teología, como una recompensa a su trabajo en la cátedra y las obras que habían brotado de su pluma:
Questions disputées entre les thomistes et les molinistes , pequeño opúsculo publicado en Lyon (1666).
Cursus philosophicus thomisticus. .. o Cours de philosophie, selon la méthode de saint Thomas (1670) — 5 vols. en latín del que afirma el padre Touron, es una obra muy por encima de lo común—.
Cuando con la intervención de Luis XIV, el Maestro de la Orden Rocaberti quiso reformar el convento de Saint Jacques de París, pidió a cada una las provincias francesas que enviasen dos religiosos entre los más doctos y observantes, para lograrlo. El padre Piny fue designado para ello. Sus letras patentes están fechadas el 20 de abril de 1675. El consejo del convento de Saint Jacques lo nombró maestro de estudiantes con el encargo de enseñar la Sagrada Escritura. Permaneció seis años en aquel convento, de donde también fue subprior y donde produjo sus más importantes obras:
Suma angelicae Sancti Thomae Aquinatis Compendium Resolutorium o Abrégé de la Somme angélique de saint Thomas d’Aquin (“Compendio resolutorio de la Suma angélica de santo Tomás de Aquino”) (1680-81), —4 vols. en lengua latina—.
Metaphysicis disputationibus apparatus (Lyón 1681).
Vie de la Mère Madeleine de la Sainte-Trinité, fondatrice de l’Ordre de Notre-Dame de la Miséricorde (1680).
Eloge de la Bienheureuse Rose. (¿1680?).
La clef du pur amour, ou manière et le secret pur aimer Dieu en souffrant et pour aimer en toujours suffrant («La llave del amor puro, o la manera y secreto para amar a Dios en el sufrimiento y de amar siempre sufriendo» (1681), en la que se pone prácticamente de manifiesto al axioma escolástico y patrístico: Probato amoris est exibitio operis.
État du pur amour ou conduite pour bientôt arriver à la perfection par le seul Fiat, dit et réitéré en toute sorte d’occasion («Estado de amor puro o condición para llegar a la perfección mediante el sólo Fiat, dicho y repetido en toda ocasión»). Escrito en 1676, esta obra se publicó hasta 1682 después de haber sido revisada por el padre Piny.
L’oraison du coeur ou la manière de faire l’oraison parmi les Retraite sur le pur amour ou pur abandon à la divine Providence distractions les plus crucifiantes de l’esprit (1683).
Le plus parfait ou des voies intérieures la plus glorifiante pour Dieu el la plus sanctifiante pour l’âme («Lo más perfecto o de las vías interiores, la más glorificante para Dios y la más santificante para el alma») (1683).
Retraite sur le pur amour ou pur abandon à la divine Providence («Retiro sobre el amor puro, o el puro abandono a la divina Providencia») (1684), que ejerció extraordinaria influencia en su tiempo.
Les trois différentes manières pour se rendre intérieurement Dieu présent, et par l’une des trois toujours marcher en la présence de Dieu (1685).
La vie cachée ou pratiques intérieures cachées à l’homme sensuel, mais connues et très bien goûtèes de l’homme spirituel (1685). Compuesto al parecer para la instrucción de los miembros de la Union chrétienne surgida entre los discípulos de Piny.
Poésies diverses.
Cartas de dirección espiritual. A la par, Piny dictó una serie de conferencias en la Abadía real de Maubuisson, y predicó los “retiros” en las casa de las Anunciatas de Saint-Eutrope (Essone), cerca de Arpajon, sosteniendo desde entonces una profusa correspondencia espiritual con la superiora y las hermanas de aquella comunidad que se han conservado hasta hoy.
Se conserva, además, el manuscrito inédito de un tratado teológico en que Piny trata de la Providencia divina y que se conserva en la biblioteca de Marsella:
Tractatum theologicum de providentia Dei, de praedestinatione et reprobatione, et de sanctissimo misterio Trinitatis complectens et in conventu Patrum Praedicatorum sub R.P. Piny doctore et professore. Massiliae, Francisco Spitalier (1668).
El P. Piny había comenzado la traducción francesa de la Guía Espiritual de Molinos, en los años en que ésta gozó un extraordinario éxito, sin embargo, tras la prisión de Molinos en 1685, interrumpió su trabajo, y cesó en sus publicaciones.
Entre 1687 y 1690, el padre Piny formó parte de la curia generalicia, al servicio del p. Antonino Cloche, quien había substituido en el generalato al p. Antonio de Monroy, nombrado arzobispo de Compostela. Fue precisamente en este período, en 1689, que Piny quiso renunciar a su cargo y partir como misionero al Asia, pero fue disuadido por el Maestro de la Orden, quien al inicio de 1691, lo asignó al noviciado general de la recoleta de Saint-Germain, “a fin de que consagre su vida a la predicación en la que ya es célebre”; pero la fama de Piny no se reducía solamente a la predicación, el Maestro, que lo conocía bien, sabía de su tenor de vida, por eso continúa: “… la observancia más severa del noviciado general, no le será una carga, antes bien un placer y no dudo que su buen ejemplo será de gran provecho para promoverla también en adelante”. No obstante los padres de Saint Jacques consideraron un gran pérdida para su comunidad la salida de Piny y así lo hicieron saber al Maestro General, el cual escribió a Piny el 13 de marzo de 1693: “Quiero que vuelva usted a San Jacques para consuelo de los padres, que claman su retorno y para un bien mayor de esta comunidad. […] Vuelva allí y complete, con más ardor que nunca, todos los buenos oficios que ha cumplido usted, con grande gozo nuestro, en nuestro noviciado general. La respuesta de Piny no se hizo esperar, renunció oficialmente a la conventualidad de Saint-Jacques, a fin de que la provincia de Provenza pudiese substituirlo con otro religioso. Su renuncia fue aceptada el 2 de junio de 1693.
A partir de entonces y hasta su muerte, Piny se estableció en Saint-Honoré, viviendo con gran edificación, y empeñado en practicar todas las observancias de la Orden, dedicado sobre todo a la dirección de las conciencias y la correspondencia espiritual:
“Después del oficio de Maitines, al que asistía regularmente cada noche, permanecía en oración durante una hora. Pasaba sus jornadas en medio de una gran actividad, escribiendo cartas de dirección espiritual, atendiendo confesiones o predicando. La fama de su santidad, su experiencia en la conducción de las almas, las obras de espiritualidad que había publicado, le atrajeron un gran número de penitentes, hombres y mujeres, pequeños y grandes, pobres y ricos, pecadores y devotos, príncipes y plebeyos, todos recibían la misma buena atención. Su ministerio fue de una rara fecundidad”.
Por fin, murió el 20 de enero de 1709, tan santamente como había vivido:
[…] El invierno de aquel año fue especialmente crudo. El P. Piny, que tenía casi 70 años, no quiso atender a los consejos de moderación que le dieron. El 19 de enero, se levantó como era habitual en él, a la medianoche para el oficio divino. Pasó la mañana en el confesionario, y después él mismo se confesó; celebró la misa, según su costumbre ya cerca del mediodía. Mientras se encontraba dando gracias, sus fuerzas flaquearon. Fue llevado a la enfermería. A las tres de la tarde, como el mal empeoraba, recibió la extremaunción. Antes de la medianoche había muerto.
Piny defiende un tipo de oración que consiste en la simple concentración de uno de los atributos divinos, sin imagen o conceptos que puedan distraer el alma. Propone la práctica del puro amor de Dios, testimoniando que desear amar a Dios es un efectivo amor de Dios.
El aparente quietismo de Piny
La aparente cercanía entre Piny y los quietistas se desvanece al comprobar el desarrollo de su pensamiento. Si bien en sus principios François Malaval parece ejercer una cierta influencia en él, años más tarde, en Les trois différentes manières pur se rendre Dieu intimement présent… (“Las tres diferentes maneras en que Dios se encuentra íntimamente presente…”), Piny denota una clara evolución de pensamiento que le hace criticar la pasividad de los quietistas. Para él, el método de orar si bien es un abandono en las manos de Dios, es al mismo tiempo una acción.
“La primera afirmación de la doctrina de Piny, sacada de État du pur amour, parece introducir a un quietismo integral de tipo molinista, al decir: “La perfección se adquiere menos haciendo que dejando hacer”. Pero H. Bremond lo interpreta dinámicamente y tiene razón, puesto que para Piny en las pasividades imperantes circula subyacente una actividad, que se configura como una finalidad informadora de todo lo demás, y de la cual son episodios transitorios o medios las pasividades. Así, poniendo un substrato dinámico a las pasividades de la vida espiritual, sabía evitar los excesos de la heterodoxia de Molinos o algunas extravagancias de la Guyon, aportando al mismo tiempo una variante personal a los tomistas de la época”.
A Piny se le reprocha el uso de términos quietistas, como el “abandono”, el “puro amor”, etc.; sin embargo, un análisis serio de su pensamiento, muestra claramente que para él, el abandono y el puro amor, implican un activo renunciamiento a todo, un radical despojo de sí mismo y una abnegación total de la voluntad y del amor propio. Esto parece situarlo en realidad más cerca de la línea de la Gelassenheit de la espiritualidad renana que del quietismo de Malaval. De hecho, la gran influencia de Taulero y Susón, a la par de santo Tomás, san Bernardo, san Ambrosio y san Agustín, resaltan continuamente a lo largo de todas sus obras, se nota también en él la gran influencia de Luis Chardón, que algunos consideran su verdadero maestro.
Abandono, cruz y puro amor
Podemos encontrar, en la doctrina espiritual de Alexandre Piny, tres temas recurrentes, en los que basa su búsqueda de la unión con Dios: el abandono espiritual, la cruz del sufrimiento y el puro amor.
El gran tema de la espiritualidad de Piny es el abandono en las manos de Dios. Abandono de la voluntad para hacer la voluntad de Dios, como un real acto de amor. Lejos del abandono quietista que confunde el abandono en las manos de Dios con la parálisis negligente de la voluntad, Piny propone un abandono activo, en el que Dios, fuente de todo bien y toda virtud, transforma el alma para que ésta pueda realizar la más perfecta de las acciones. Es un “dejar hacer a Dios” para después “hacer con Dios”, pues para llegar a la perfección, todo lo que el hombre pueda hacer por sí solo será siempre insuficiente. La voluntad del hombre no se pierde con este dejar hacer a Dios, al contrario, implica una confianza sin límite en el Dios que salva. Es un consciente y activo dejar actuar a la gracia, sin poner obstáculo alguno, para que Dios cumpla su deseo en el alma.
La confianza que permite el abandono total está fundamentada en la seguridad de que Dios ama al hombre más de lo que un padre puede amar a sus hijos. Esto hace que el alma le deje hacer su voluntad y que al mismo tiempo acepte cualquier pena y sufrimiento, al que Piny llama “cruz”. No es la cruz, por sí misma, la que hace que el alma se abandone resignadamente, sino la confianza en el amor de Dios el que hace que la cruz sea purificante de la intención más profunda del alma que se abandona entonces sencillamente en Dios.
El sufrimiento tiene, a los ojos de Piny, un importante valor. No se trata simplemente de la ausencia de satisfacción, que lleva a la impasibilidad, sino del sufrimiento realmente purificante. Así, las “cruces” llegan a transformarse incluso en medios deseables que permiten, manifestar el anhelo del alma de entregarse plenamente a Dios.
El puro amor, es la aceptación de una situación, en la confianza plena de que Dios no abandona. En esta situación, el alma, más allá de considerar como bien o mal aquella situación en la que se encuentra, simplemente se contempla en la voluntad divina, impasible frente a lo externo, libre frente a Dios.
Para poder llegar al abandono perfecto del puro amor, Piny propone tres grados ligados a la proximidad de la muerte: el primero es el abandonarse a la voluntad divina en la vida interior y exterior (el comportamiento social); el segundo grado es el abandono interior justo en el momento de la muerte ( que es el más doloroso y el más decisivo), el tercero, (el de mayor amor), consiste en aceptar la visión de la eternidad y de la salvación o su exclusión, sin buscar otra cosas que adorar la voluntad de Dios.
“Para el cumplimiento exacto y consciente de la voluntad de Dios se requiere, pues, el acquiscement o abandono amoroso de lo que agrada, y como le agrada, a Dios, y tal como Él dispone, sobre todo en el sufrimiento, hasta el sacrificio de la vida. En la práctica de la religión cristiana _mediante el ejercicio continuo de la voluntad_ se llega a la cima de la plena adecuación al beneplácito divino. El “dejar hacer a Dios” no es sólo una consigna, sino también la clave de lectura de toda aspiración suprema”.
Piny es “un teólogo en extremo fiel al tomismo, y su Llave del amor puro (1682) refleja un voluntarismo que en ciertos puntos trae a la memoria a Canfeld. Pero Piny escribe en un momento en que se inicia ya la victoria del antimisticismo, y no se atreve a acometer de frente determinados estados de la vida unitiva, lo cual limitará mucho sus perspectivas”.
Fr. Carlos Amado Luarca
Historia de la Espiritualidad en la Orden de Predicadores